jueves, 29 de noviembre de 2012

Séptimo Silencio: NOCHE BLANCA



Noches opacas en su reflejo.
El silencio enfurecido
desembocó en un mar de palabras
para transformarse en un abrazo

El tiempo se detiene, no tiene prisa.
Un grito desgarrador se escabulle
entre la suavidad de su voz
y agradece con la calidez de la mirada

Con la desnudez de su alma, respira.
Ya no se asfixia con trapos viejos
De pronto el mundo se aliviana
y la noche se torna más clara.

El sosiego la acaricia, ella sonríe
disfruta de sumergirse en la serenidad.
Se concreta el reencuentro
ahora menos sola y más sabia que antes.

Hay dos miradas que penetrantes observan más allá de lo visible...
Se dibuja una sonrisa y nace una caricia, que se traduce en GRACIAS

Sexto Silencio





Diferentes rutas
un mismo destino
Son otras palabras
y es uno el sentido.
Es distinta la muerte
y semejante el vacío.

Son muchos baúles 
que guardan lo mismo;
esconden abismos

reflejan castillos,
y cubren con seda
su propio martirio.

Es una la llave
la llevas contigo.

Si purgas el polvo
cierras el abismo.
No hará falta seda
para cubrirse uno mismo.

Construye hacia arriba
habiendo aprendido.
Somos lo que hacemos
con lo que hemos vivido

miércoles, 29 de febrero de 2012

Quinto Silencio: Piezas de un puzzle perdido


Bailotea con las agujas del reloj,
desafía al tiempo y cuestiona la verdad.
Duda de sí mismo y vuelve a comenzar
por el camino que solío alguna vez andar.


Busca las piezas de un puzzle perdido
pero desconoce la imagen final.
Ansioso y temeroso se dirige al reencuentro,
pero no sabe con quién se va a encontrar

Palpita las huellas que alguna vez dejó,
sin embargo no las siente nitidas,
la noche lentamente las oscureció;
ahora son borrosos garabatos dibujados en un pizzarrón

Descubre un mundo de cartón,
lo rodean ligeras miradas
y nota el aire como al vapor.
La brisa ahora es viento, y una gota una tormenta féroz.

Las piezas del puzzle no encajan
la insistencia las daña
y el tiempo sigue mostrando su cara.
Él apresura su marcha pero no oye sus pasos.

Ciego por momentos
y sordo por otros tantos ,
sigue en busca de sí mismo,
cree saberlo todo, pero no sabe nada.

¿Cómo llegar?
Es lo único en lo que piensa
lo demás se borró por completo
ya no quedan historias en su cuaderno.

Persiste en la lucha
pero con su afán de llegar se desvía.
No supo que las huellas no estaban en el camino;
las huellas siempre estuvieron en él.

No oyó sus pasos y la carretera tomó otro rumbo;
ahora la brujula marca otra dirección.
Enseguecido por la receta de cómo llegar
olvidó que la fórmula estaba en sus pasos.

martes, 28 de febrero de 2012

Cuarto Silencio: Disfraces



Palabras disfrazadas de silencio
silencio que nadie oye, ni quiere oír
¡Quema! El fuego se expande
y se rompen los cristales.

Cada vez queda menos
y cada vez quiere menos
le arden las miradas frías
y los abrazos programados.

Indiferencia camuflada en interés
Crees lo que yo quiero que creas
ves lo que yo dejo que veas
Ya no piensas, cada vez sientes menos.

Florece al fin, la primavera
desparrama colores a un mundo gris
pero sin embargo él, siente el frío en sus dedos
y oye el silencio eterno de sus palabras.

Camina rodeado de lo que cree influencias
pero no son más que modelos impuestos
Nadie tuvo el derecho a elegir
corren la carreras para cumplir con los esquemas.

Cada uno piensa que escribe su historia,
seguro quieres instrumentos
pero no,  yo no te guío a ellos;
trazo tu camino en el papel.

Con el viento se fueron sus ideas
ahora no es más que un cuerpo
Ya no cree, ya no decide;
existen quienes lo hacen por él.

Respira, observa y escucha
dale lugar a tus palabras
no las transformes en silencio
rompe las cadenas de la jaula
y escribe tú mismo en tu propio papel.



lunes, 9 de enero de 2012

Tercer Silencio: Dimensión Paralela



Mientras el pasado inunda de recuerdos mi mente siento un espeluznante frío que recorre mi cuerpo, no se contenta y lo vuelve a recorrer una y otra vez; como si quisiera dejarme la temperatura por los suelos, o mejor; cavando tierra para llegar a algo más profundo que el propio suelo.

Las imágenes que proyecto en mi cabeza no son para nada fugaces; son claras, tal vez demasiado para mi gusto. Tengo la sensación de estar en donde estuvimos juntos hace muchísimos años, una locura quizá, pero así es. El problema está en que intento participar pero no soy más que una mirada invisible sin posibilidad de intervenir. Un ejemplo podrían ser los hospitales en los que está la sala donde se encuentra el paciente y hay un vidrio que simula un límite con otra sala, pero detrás de el mismo (aunque no lo parezca) hay otra pieza donde pueden observar al internado sin que él lo sepa. Yo soy quien observa desde la oculta habitación acontecimientos pasados. Contemplo con cariño, nostalgia y hasta con devoción esos momentos que mi mente (afortunada o lamentablemente depende cómo se lo vea) me permite visualizar y sentir con una delicadeza indescriptible. 

Mis ojos se llenan de lagrimas, no es felicidad es tristeza; una profunda y abominable tristeza que escarba con todas sus fuerzas mi alma dejando en cada movimiento una cicatriz candente.
Las imágenes me cortan en rebanadas sin pudor alguno, y cuando mejor se ponen más puñaladas recibo.
Los abrazos y los “te quiero” retumban dentro de mi cabeza, ya sueltos en mi cavidad craneana aumentan su volumen y velocidad para aparecer con más continuidad y con más solidez. ¡Me aturde! ¡Ya no quiero escucharlos! Me siento vacío; como un vaso que alguna vez estuvo lleno, pero de repente se vuelca y con lentitud y mucha suavidad se quiebra, a tal punto que la lentitud, suavidad y delicadeza con la que se va destruyendo forman una melodía melancólica que podría deprimir a cualquiera.

Por más que intente abandonar la presentación de recuerdos que me está brindando una carpeta con exclusiva seguridad de mi cerebro, no logro hacerlo, es en vano. Estoy siendo sometido, (tal vez por mi inconsciencia o tal vez por la necesidad de volver a verlo aunque sea un minuto más) a un infierno interno.  Sentimientos encontrados surgen en mí, ¿tendría que estar feliz por poder recordar todo con tanta solidez? Posiblemente sí, pero el asunto es que ser víctima de eso empeora  aún más las cosas.

Tengo que asimilarlo, él ya no está físicamente con nosotros y aunque no soy religioso siento su presencia cada día.

Aquí, mis deseos, mis caprichos y mis miedos no juegan ningún papel, (o al menos el que me gustaría) no puedo impedirle a la lluvia que se retire abriendo paso a la brillante y penetrante luz del sol, no puedo terminar con la pobreza del mundo así como tampoco pude ir contra la madre naturaleza impidiendo que se lo llevara de mi lado como lo hizo.

Lo extraño, y lo hago cada día con más intensidad (es una relación proporcional al aumento de los días), quizá mi actitud sea un tanto egoísta, pero en definitiva ¿no es así la sociedad de hoy? ¿No es ser egoísta ir caminando por 18 De Julio y ver como roban con una cuchilla a una señora mayor que sale de un cajero (posiblemente de cobrar la jubilación) y seguir caminando como si nada ocurriese por temor a que nos agredan a nosotros? ¿No es egoísmo ser consientes de casos de violencia y  ni si quiera intentar ayudar o cuestionarse la posibilidad de intentar ayudar? Si eso no es ser egoísta por favor explíquenme qué es serlo.

Me duele, es indignante no saber las respuestas a: ¿Por qué tan temprano? ¿Por qué de esa desgarradora manera? ¿Por qué así si él jamás dañó a una mosca?
Son preguntas retóricas porque aunque haga lo más supremos esfuerzos en intentar responderlas no encuentro las respuestas, siento que no las hay. ¿O será que estoy inmerso en un océano de subjetividad a causa de la relación que teníamos? No lo sé, intento además (aunque suene contradictorio) pensar que no existen soluciones a esas preguntas.

Conozco personas que suelen decir que con el progresivo aumento de los años uno va concientizándose de la idea de la muerte, pero déjenme decirles que no es mi caso, o tal vez no es el propio caso de la situación. ¿Quién puede pensar a medida que crece que a los treinta años perderá a su hermano? Dudo que se lleve a cabo tal concientización. No es la ley de lo que llamamos “naturaleza”  pero a veces hay excepciones y una de ellas lamentablemente fue Fernando.

 Diariamente me levanto pensando en mi hermano menor, y me acuesto volviendo a pensarlo, una situación como esta no se supera de la noche a la mañana (en el caso de que se pueda llegar a superar)
Se nos fue Fernando y se nos fue un pedazo de vida junto a él.
Llueve en mi todos los días, experimento tornados de dolor y tsunamis de tristeza, éramos hermanos, cómplices, confidentes, amigos; mejores amigos. Con una mirada no hacían falta palabras.

 Sigo recordando con muchísima solidez vivencias y aunque me destrocen en cierta forma me mantienen en contacto con él.
-¡Rodrigo! – Gritó Fernando
-¿Qué pasa? – interrogué
-Vení vamos a la canchita a jugar al fútbol
-Fer tengo que hacer los deberes, ahora no puedo – le dije
- Dale ¡Ro! Mamá te ayuda, de última siempre te los termina haciendo. ¡Dale, por favor vamos!- insistía, mientras tenía bajo el brazo la pelota que los reyes magos nos habían dejado hacía ya algunos días.
Recuerdos como ese tengo muchísimos, él estaba con un short negro y una remera de Peñarol bastante ajada con el número 10, tenía puesto un par de zapatillas blancos todas gastadas con los cordones desatados que usaba para jugar al fútbol. Tenía las rodillas lastimadas debido a las caídas, y las piernas repletas de picadura de mosquitos a las cuales él rascaba sin parar; esa era la causa de las ronchas grandes y rosadas.
Recién habíamos merendado y aún tenía el bigote de la chocolatada que la abuela había preparado con todo su amor (ella decía que su ingrediente secreto eran pizcas de amor a todo lo que preparaba, y ¡vaya que cocinaba rico!)
- ¡Dale Ro! Yo le digo a mamá cuando venga que no entendiste si eso te da vergüenza – suplicaba mientras que con la mano derecha rascaba su cabeza: ¡tenía piojos! Y aunque mamá comprara remedios y le pasara el peine fino hasta rasparle el cuero cabelludo, y Fernando gritara como si su objetivo fuera llamar la atención del barrio, nunca se le terminaban. Eran un ejército dispuesto a no rendirse fácilmente, querían guerra y lo habían dejado muy claro.

Finalmente accedí, confieso que padecí la escuela y la idea de hacer deberes de geografía no me entusiasmaba en absoluto.
En camino a la cancha donde nos divertíamos tardes enteras, mi hermano se acercó a mi oído izquierdo y me dijo : “Te quiero hermano” en ese momento no le presté mucha importancia, es más no le respondí, fue un momento de cruda y tensa frialdad. El silencio hacía que el tiempo se acelerara y la temperatura descendiera, podíamos haber observado el humo de nuestra respiración si lo hubiéramos intentado. Sus ojos eran dos bochones de hielo en los que me reflejaba de una forma espeluznante, no sentí la necesidad siquiera de complacerlo con una palabra afectuosa; no hubiera sido yo si lo hubiera hecho. Lo ignoré él era muy expresivo y estaba acostumbrado a que me lo dijera continuamente; era una palabra más, significaba lo mismo que un vulgar "hola", pero ahora con mis treinta años y varios meses sin tenerlo aquel “te quiero” me suena en la cabeza cuando me levanto y cuando me acuesto por las noches: “Te quiero hermano.” “Te quiero hermano...” “Te quiero hermano…” Escuchando esa voz se cierran mis ojos cansados y tristes, todas las noches, pensando en haberlo abrazado con fuerzas y haberle dicho: “Te amo hermano”

Duermo cada noche con la fría soledad que me dejó su ausencia y que me deja cada día en mayor cantidad.
Ya no estoy vacío, soy el mismísimo vacío, el vaso de vidrio se rompió y soy todo lo que eso dejó…


sábado, 15 de enero de 2011

Segundo silencio: El misterio de la lluvia

Hola amigos, después de tanto tiempo hago una reaparición. Estuve buscando en la carpeta donde guardo las cosas que escribo y encontré este texto de una tarde lluviosa, y quise compartirlo acá para publicar algo, hasta que termine lo que estoy escribiendo.. ¡Saludos!

La lluvia está repleta de misterios que tal vez no logre descifrar nunca...
El agua cae en gotas colmadas de silencio pero a su vez de ruido también... baña las calles de soledad y acompañada por las nubes de oscuridad.
Todas las casas tienen sus ojos cerrados, en la mía todos duermen menos yo, así que observo por la ventana de forma pensativa el misterio que trae la lluvia consigo.
Llueve, y cada vez que llueve recuerdos y canciones tapan mi mente haciendo que el resto de mi mundo desaparezca. 
Recuerdo muchas tardes de verano estar jugando al tenis en la calle hasta la noche sin problemas, corriendo en busca de la pelota que se iba debido a un golpe demasiado fuerte, o simplemente por un mal reflejo.
Recuerdo además llegar de la escuela ansiosa para ir a jugar con mis amigos en el terreno baldio de al lado de mi casa.
La lluvia es cada vez más intensa...
Del otro lado de la ventana hay árboles desnudos, árboles con vestidos verdes en diferentes tonos e insectos que aprovechan para darse a conocer.
Mientras escribo esto escucho “Pregunto” de Javier Zubillaga (cantautor uruguayo. Si quieren escucharlo pueden hacerlo por youtube). “Pregunto” es una canción basadas en cuestiones, me gusta mucho. Termina diciendo “ Si mis preguntas tuvieran respuestas, ya nada sería como debe ser, que si antes del fin conocemos la esencia perderíamos la gloria de querer saber” Pongo repetir a la canción y sigo observando el más allá de la ventana.
Pasa un camión y salpica todo lo que hay a su alrededor, el cielo sigue llorando y no para desde ayer a la noche, parece estar sufriendo. Imagino desde ya el momento en el que deje de llover para poder salir más allá de mi puerta.
Queden manchas de diferentes colores en el asfalto, parecen grandes pinceladas.
En mi mente recreo una persona caminando hacia la oscuridad de la noche mientras deja atrás su figura, los ruidos de sus pasos mojados y deja atrás también las manchas de colores formando una imagen de color negro que ya no se distingue nitidamente. Llueve, y sigue lloviendo. La persona se aleja con su paraguas en mano y yo sigo aquí, en la ventana observando qué sucede del otro lado..

sábado, 4 de diciembre de 2010

Primer silencio..."Entre dos mundos una mentira"

Todo ha sido una mentira. Eso quiere decir que he vivido inmerso en ella durante los últimos veinte años de mi vida, terrible pero cierto. Una mentira genera otra, y esa otra otras y así hasta conseguir un mundo irreal donde la verdad no existe, solo es una palabra que trae consigo el diccionario y que a veces muchos niños curiosos buscan para saber su significado... como nosotros buscamos en algún momento la palabra “puto”, “tarado” o “culo” invadidos por la intriga de cómo definiría un libro a esos vocablos.

En estos momentos ya no sé qué pensar, he llegado a tal punto de dudar sobre mi, ¿seré yo también una mentira? Mi mundo al parecer nunca fue como creí que era, las personas que me rodeaban nunca fueron lo que aparentaban ser, ni si quiera las más cercanas a mi.

Ahora pienso en ello y no sé qué significa la vida realmente, qué significa el amor, la tristeza y la felicidad de la cual muchas personas afirman ser víctimas.

No quiero recordar cómo fue que todo esto sucedió porque no creo que sea saludable para mi mente, pero a su vez considero que eso puede llegar a ser un paso importante para salir de este dilema que me aturde a toda hora.

Cuando llueve, cuando el sol se esconde y el cielo nos muestra su lado oscuro pienso en ella, cuando la brisa acaricia mi rostro y sobrevuela mis cabellos ya largos pienso en ella como si hubiera sido real. Quizás lo fue, pero en aquel mundo no en este. Cuando las estrellas iluminan mis ojos y la luna los encanta con su belleza vuelvo a pensar en ella melancólico. La extraño y eso nada podrá cambiarlo, ella fue mi mundo cuando yo no pertenecía uno definido.

Ahora estoy aquí, en una realidad que creo que no me pertenece y con una vida que desconozco totalmente.

En estos momentos hay personas a mi lado que dicen quererme y hasta amarme, eso me confunde, puedo sentir el latir de mi cabeza debido a la confusión y además por los susurros que no logro descifrar. Hay miradas desgarradoras; siento que mi tamaño disminuye con cada comentario y que con cada mirada se desvela algo muy profundo de mi, eso me asusta un poco. Esas personas navegan en las aguas más profundas de mi océano sin dejar algún milímetro cuadrado por conocer. El tesoro del pirata es encontrado y yo no sé si dentro hay oro, o monedas de cartón.

Sus miradas me desnudan y no encuentro el modo de poder evitarlo.

Suena una campana acompañada por la voz de una aparente locutora que da por habilitado el horario de visitas, yo por supuesto no entiendo nada, quiero preguntar de qué se trata pero no emito sonido. Sólo caen lagrimas por la frustración de no saber nada y de no poder manifestarme. Quiero moverme pero mi cuerpo no me lo permite, es como si los comandos funcionales de una computadora estuvieran fallando a una orden.

Me siento fuera de mi.

Mientras pienso en eso, y la frustración y la confusión aumentan cada vez más entra un hombre alto, canoso, de lentes y con unos cuantos años dándose a conocer mediante las arrugas de su cara. Viste una túnica blanca de maestra y anuncia su entrada con un muy sutil: “ Buenos tardes”

-Buenos tardes no porque no he comido- agrega un hombre corpulento de cabello rizado y negro azabache.

Todos sonrieron pero la cara del anciano no demostró gracia alguna, hizo una mueca que demostró más molestia que simpatía.

-Vengo a decirles que al parecer por los exámenes realizados el paciente está saliendo del trastorno cerebrovascular. Los exámenes afirman que lentamente se pondrá bien. Aconsejamos no brindarle mucha información de una sola dosis porque podría volver a recaer en lo mismo.

Familia... apóyenlo y no le permitan volver a escribir porque eso lo afecta notoriamente y ustedes mismos lo han comprobado- Mientras hablaban me miraban con ojos brillosos. ¿estarían hablando de mi? Yo nunca estuve enfermo, no sé por qué razón viajo por diferentes mundos, extrañando a uno y desconociendo al mismo tiempo más tarde.